La piel es el órgano más grande del cuerpo y su función principal es actuar como barrera protectora frente al entorno. Sin embargo, al nacer, esta barrera aún no está completamente desarrollada.
Durante los primeros meses de vida, la piel infantil presenta características estructurales distintas a la de un adulto. Estas diferencias hacen que sea más vulnerable a la pérdida de hidratación, a la irritación y a factores ambientales.
Comprender estas diferencias es clave para entender por qué la piel de un bebé necesita un tipo de cuidado específico.
